Fundación Nuestra Señora de las Gracias, Lempira

En el año 2022, en el que se celebran los 150 años de la fundación del Instituto de las Hijas de María

Auxiliadora, llegan nuestras hermanas religiosas a la ciudad de Gracias, Lempira, con la finalidad de

acompañar y promover, especialmente en niños y jóvenes, la cultura, el arte, la música y la tecnología.

Las hermanas fueron solicitadas por Monseñor Walter Guillén Soto, salesiano y primer obispo de la recién

fundada Diócesis Nuestra Señora de las Gracias. Esta petición se convierte en un nuevo llamado, un reimaginar los comienzos de la congregación que, al igual que esta diócesis, erigida el año anterior 2021, nacida bajo el amparo santo de Nuestra Señora de las Gracias; hace 150 años, en Mornese, María Mazzarello pronuncia su “sí”; y ese mismo “sí” resuena también hoy a través de la presencia de las Hijas de María

 

Auxiliadora, en esta pintoresca ciudad de Gracias. La Diócesis Nuestra Señora de las Gracias está conformada por los departamentos de Lempira e Intibucá, ubicados en el corazón del occidente hondureño. Ambos comparten un paisaje imponente de pinos, quebradas y cielos limpios. Estas montañas guardan el alma del pueblo lenca, uno de los pueblos autóctonos más antiguos de Honduras, que aún hoy mantiene viva su cosmovisión y sus tradiciones ancestrales. Además, la región conserva una valiosa riqueza arquitectónica del siglo XVII. Son poblaciones de bajos recursos económico Un alto porcentaje está conformado por niños y jóvenes, muchos de ellos con acceso limitado a la educación, la tecnología y otras oportunidades de desarrollo. Sin embargo, en medio de esa realidad, emerge un profundo deseo de superación, particularmente una sed de Dios y una apertura sincera a la fe y a la formación integral.

 

Con espíritu misionero, el Consejo Provincial visitó la ciudad de Gracias junto con las primeras dos hermanas fundadoras: Sor Mirna Liseth Mejía Herrera y Sor Juana Henríquez Miranda. Desde el inicio quedó claro que la prioridad sería un trabajo enfocado en la formación integral de niños y jóvenes, viviendo lo inédito del carisma, sin dudar era Dios quien ha traído a las FMA; y abiertas a su gracia, poco a poco la nueva misión salesiana fue tomando un rostro definido. La presencia de religiosas en la comunidad de Gracias no era algo común; de hecho, para muchos era prácticamente desconocida. Por ello, ver llegar a las Hermanas y notar su cercanía con las personas fue una verdadera novedad, que despertó admiración y curiosidad. Sin embargo, desde el primer momento, fueron cálidamente acogidas.

 

La población de Gracias, profundamente arraigada en su folclore y caracterizada por una fuerte religiosidad popular, ha convivido durante generaciones con una antigua leyenda que habla de una maldición. Según esta tradición, un “bulero” fue lapidado en uno de los santuarios de la ciudad, lo que desató un acto de condena por parte del Rector del Santuario, quien, ante el sacrilegio cometido, proclamó solemnemente una maldición sobre toda la ciudad. Esta historia transmitida de generación en generación, alimentó la percepción de que la ciudad estaba marcada por una maldición que obstaculizaba su pleno desarrollo. La llegada de las Hijas de María Auxiliadora y de otras comunidades religiosas a la ciudad de Gracias tiene una intencionalidad muy clara, fuera del contexto de estas leyendas, pero a nivel general fue vista como una bendición. Su presencia, en medio de tantas creencias arraigadas, fue interpretada como un signo de restauración y esperanza.

 

Después de las situaciones normales de dificultad propias de todo inicio de obra, y a medida que fueron conociendo mejor el contexto que las rodeaba, las hermanas a petición del Obispo asumen a nivel diocesano la pastoral juvenil y la pastoral educativa.

 

Para el año 2024, respondiendo a las nuevas necesidades planteadas por la diócesis, las Hijas de María Auxiliadora ampliaron su compromiso pastoral, el rostro queda ya definido, las FMA asumen tres pastorales concretas: la pastoral de catequesis, la pastoral Juvenil y la pastoral de la salud. tres grandes áreas que animan con entrega y espíritu salesiano.

 

La pastoral de catequesis en la Diócesis de Gracias responde a la necesidad urgente de fortalecer la formación cristiana de niños, jóvenes y adultos, especialmente en una región donde, en muchos casos, el acceso a una educación religiosa sistemática ha sido limitado. Las Hijas de María Auxiliadora, con su carisma educativo y su experiencia pastoral, han asumido este servicio como una oportunidad para sembrar y afianzar la fe en las comunidades. Colaboran de forma cercana con las parroquias, formando catequistas locales, animando la vida sacramental y reforzando la identidad cristiana en contextos marcados por la pobreza, el aislamiento y la escasez de recursos pastorales. Esta misión, sin embargo, no ha sido llevada a cabo únicamente por las FMA, sino que ha sido posible gracias a un núcleo animador de laicos comprometidos, que acompañan activamente a nuestras Hermanas en esta labor evangelizadora y educativa.

 

La pastoral juvenil en la diócesis constituye una de las áreas clave de la misión, ya que gran parte de la población está compuesta por niños y jóvenes. Durante mucho tiempo, esta franja de edad ha carecido de un acompañamiento constante y cercano. En este contexto, la presencia de las Hijas de María Auxiliadora ha sido un apoyo fundamental, tanto para los jóvenes como para los sacerdotes. A través de actividades formativas, encuentros espirituales y misiones, los jóvenes no solo profundizan en su fe, sino que también descubren cómo ser una presencia transformadora en sus familias y comunidades. Por primera vez, muchos grupos juveniles están viviendo la experiencia de retiros y campamentos organizados especialmente para ellos. Aunque estas actividades implican a nuestras Hermanas largos desplazamientos, viven con entusiasmo este reto, convirtiéndose en verdaderas misioneras que llevan la alegría del Evangelio. Además, esta vivencia ha despertado en algunas jóvenes inquietudes vocacionales, abriéndose en ellas la posibilidad de interrogarse en una futura consagración religiosa.

 

En una región donde los servicios médicos son limitados, las Hermanas también se hacen presentes a través de la pastoral de la salud. Su labor es una respuesta concreta a las necesidades físicas y espirituales de la población, ofreciendo consuelo y esperanza frente al sufrimiento de los enfermos, mediante la oración, la escucha y el acompañamiento emocional. Esta pastoral no se limita solo a visitas a domicilio o al hospital; cada jueves, se celebran Horas Santas y Eucaristías, espacios que se convierten en verdaderas fuentes de consuelo espiritual tanto para los enfermos como para sus familias. Además, se busca implicar activamente al personal médico y de enfermería, promoviendo una atención más humana y compasiva. Esta misión es acompañada también por un sacerdote que actúa como responsable y guía espiritual del equipo, brindando orientación pastoral y apoyo sacramental. Junto a él, un grupo de laicos comprometidos colabora estrechamente con las Hermanas, conformando una red fraterna que lleva alivio, fe y esperanza a quienes más lo necesitan.

 

Además del amplio trabajo misional que ya realizan, y respondiendo a una solicitud expresa de Monseñor y de los párrocos —quienes han manifestado la urgente necesidad de contar con recursos apropiados para su labor evangelizadora—, las Hermanas tanto a nivel de Pastoral de Catequesis como de Pastoral Juvenil se han comprometido con la ardua tarea de diseñar y elaborar itinerarios formativos que respondan de forma creativa, pedagógica y pastoral a las condiciones reales de las comunidades, Este esfuerzo representa un gran desafío, ya que implica contextualizar los contenidos formativos a las distintas edades de los niños y jóvenes de la diócesis y en un entorno mayoritariamente rural, donde muchas comunidades carecen de acceso a tecnología y de materiales adecuados.

 

Estos materiales se prepararán en formato impreso, con la intención de que puedan ser fácilmente

distribuidos y utilizados en todas las comunidades de la diócesis. De esta manera, se busca garantizar una formación accesible, sistemática y contextualizada, especialmente en zonas donde los recursos tecnológicos son limitados o inexistentes. Es una labor que ninguna otra Diócesis del país ha realizado hasta el momento.

 

Para la Provincia Santísimo Salvador, la fundación de una comunidad FMA en la Diócesis de Gracias ha sido

un regalo simbólico de amor a la Virgen, en el marco de los 150 años de vida del Instituto. Es una presencia

apostólica viva: una comunidad de hermanas que ha venido para quedarse y para ser testimonio de la luz

inextinguible de Cristo.