Bienaventurados vosotros
Incio del Capitulo Provincial Hijas de María Auxiliadora
Provincia Santísimo Salvador, Centro América.
«Felices ustedes»
Tegucigalpa, Honduras, 2 de octubre de 2026. Con gozo y esperanza, participantes capitulares, entre jóvenes estudiantes, maestros, colaboradores, Hijas de María Auxiliadora y padres de familia de El Salvador, Guatemala y Honduras se llegaron a la Casa Provincial Nuestra Señora de Suyapa, con alegría y apertura para vivir este tiempo de escucha en la fe de la voz del Espíritu Santo, que permitirá orientar el trabajo según el corazón de Dios. Tras compartir el almuerzo e instalarse, se dirigieron a la BasílicaNuestra Señora de Suyapa para vivir la celebración «Felices ustedes» en preparación al Capítulo Provincial.
La celebración recordó que, como Jesús, es necesario subir al monte y dejar en el camino todo aquello que impida abrirse al discernimiento, a la escucha y a la acción del Espíritu. Se desarrolló en cuatro momentos:
La celebración concluyó con la petición de bajar del monte con la mirada, el corazón y los labios renovados, dispuestos a escuchar al Espíritu y a dejarse conducir por Él en el discernimiento que la provincia está llamada a vivir.
Como signo final se entregó la llave de acceso al Capítulo Provincial y, bajo la mirada de Santa María de Suyapa, los presentes compartieron un abrazo de bienvenida, expresión de la esperanza que los inunda, del amor que los convoca y del deseo de renovarse desde lo más profundo.
Con la fuerza del Espíritu y a la luz de las bienaventuranzas
La asamblea capitular de la Provincia Santísimo Salvador, de las Hijas de María Auxiliadora,inició su camino en oración, escucha y discernimiento
Tegucigalpa, Honduras, 3 de octubre de 2026.
Con la celebración Eucarística y el acto protocolario de apertura, dio inicio el Capítulo Provincial 2026 de las Hijas de María Auxiliadora de la Provincia Santísimo Salvador, en la Casa Provincial Nuestra Señora de Suyapa.
Como María en el Cenáculo, abiertos al Espíritu Santo.
La jornada comenzó con la santa Eucaristía, presidida por el presbítero Eduardo Martín, en la que las y los capitulares pidieron al Espíritu Santo que acompañe el camino de discernimiento disponiendo el corazón con humildad y apertura para escuchar la voz de Dios.
Posteriormente se realizó el acto oficial de apertura, que dispuso y comprometió a la asamblea a vivir con fe las reflexiones, los discernimientos y las propuestas de las jornadas capitulares, en un clima de profunda oración y respeto.
Se hizo memoria además de la invitación de Madre Chiara en la circular 1050 en la que nos recuerda que el Capítulo constituye un «tiempo fuerte de evaluación, de reflexión y de orientación para una búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios» (C 135). El objetivo de un Capítulo General es el de «tratar los asuntos más importantes relativos a la vida del Instituto para una presencia cada vez más eficaz en la Iglesia y en el mundo» (C 136 b).
El tema del CGXXV lleva por nombre “Bienaventurados vosotros…” acompañado por el lema: “Con la fuerza profética del carisma, misioneras de comunión junto a los jóvenes”. Cuyo fin es “Reavivar la pasión misionera característica de nuestra identidad carismática”.
Bienaventurados: Una promesa que nace de la compasión de Dios
La Asamblea Capitular, después del acto de apertura se dispuso a Escuchar con corazón de discípulos, la iluminación Bíblica que estuvo a cargo de nuestro hermano Salesiano de Don Bosco el Presbítero Juan Bartolomé, centrada en el Sermón de la Montaña (Mt 5,1-12).
Una promesa que nace de la compasión de Dios. Presentó las bienaventuranzas como una promesa que nace de la compasión de Dios y no del mérito humano, en otras palabras “el pobre, los que lloran, los perseguidos… etc. no son felices por su situación, sino porque tienen la certeza de que Dios está de su parte, comprometido con su futuro, con su felicidad eterna, pero esto implica confianza en Dios, sin la cual el anhelo de ser bienaventurados no llega a cumplirse.
Una revelación de Dios, no un método de ascesis. Detrás de las bienaventuranzas hay una revelación del ser de Dios, que quiere compartir con nosotros su pobreza y, así, “completar en nuestra carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo” (Col 1,24). No se es bienaventurado por lo que uno hace, sino por lo que Dios quiere ser para cada uno, esta lógica de Dios no es posible comprenderla con la sola razón, con los propios méritos, porque quien quiere entender a Dios, acaba por perderlo; por el contrario, Dios hace la invitación a dejarse comprender por Él.
Una dicha por lo que viene. Necesitamos cambiar nuestra mentalidad a una conversión a la “dicha”, la dicha no por lo alcanzado, sino por lo que está por llegar. Donde hay dolor e injusticia son espacios teológicos de dicha porque sabemos que está Dios “por venir”. Esta certeza solo se consigue en la intimidad con Jesús, quien habló así porque era su propia experiencia del Padre. Jesús pudo hacer realidad con sus manos lo que decía porque oró y vivió lo que anunciaba. Con un juego de palabras, señaló que Jesús fue “bienaventurado” porque se aventuró bien, se confió a su Padre: no lo hizo dichoso la persecución, sino haberse puesto en manos de Dios.
El camino del discípulo. Vivir las bienaventuranzas es el camino del discípulo, del hijo que nos invita a aceptar a Dios como Él desea ser aceptado, sin imponerle nuestros criterios, sino dejando en sus manos todas las opciones. E Padre Juan Bartolomé concluyó la iluminación con una exhortación profunda, “No metan a Dios en un corazón ocupado; desocupemos el corazón de los propios criterios y seguridades, crean en la locura de la cruz (1 Co 1,18), con la seguridad de que ni la vida ni la muerte podrán separarnos del amor del Señor (Rm 8,38-39). La felicidad, concluyó, solo se entiende si incluye la cruz.



























