Tercer día de Capítulo Provincial: misericordia, escucha y comunión

«En mis grietas tu luz». Con esta certeza vivieron las Hijas de María Auxiliadora de la Provincia Santísimo Salvador el tercer día del Capítulo Provincial, este lunes 5 de octubre, en la Casa Provincial Nuestra Señora de Suyapa, en Tegucigalpa, Honduras. Fue una jornada que las llevó a mirar con ojos abiertos a sus hermanos y a reconocer, con esperanza, sus propias fragilidades.

La mañana comenzó con la Santa Eucaristía, presidida por el salesiano P. Geovany Alexander Argueta, sdb. En su mensaje, recordó que ser hermano o hermana es vivir con los ojos abiertos, dejando de lado los legalismos y abrazando a todos con la misericordia que se recibe del Señor. Las invitó también a luchar contra el pecado de omisión, que ante el dolor del hermano vuelve insensibles.

 

Durante la mañana se realizó la celebración del Núcleo 2, «En mis grietas tu luz», en la que los capitulares se pusieron a la escucha de la voz de todos los sectores de sus comunidades educativas. Al dejarse interpelar por esas palabras, descubrieron que son comunidades en camino de conversión, conscientes de sus fragilidades, pero también de toda la gracia que el Señor ha concedido a la Provincia. Fueron invitadas a vivir en la esperanza de que las grietas son necesarias para reconocerse necesitadas de su amor y su misericordia.

 

Después de la celebración, los equipos de trabajo se reunieron para continuar la reflexión del Núcleo 2, «Misioneras de comunión», profundizando esta vez en la pregunta: «¿Cómo vivimos en nuestras comunidades FMA la conversión a la comunión y la fraternidad sincera?». El trabajo permitió detenerse en la propia experiencia comunitaria, abriendo un espacio de reflexión, diálogo y escucha. Al finalizar, en el plenario se estudiaron los elementos necesarios para la redacción de la síntesis, que estará a cargo del equipo de redacción.

 

Así concluyó un día que dejó la certeza de que la fraternidad sincera nace de una mirada atenta al dolor del otro, y de que la fragilidad, vivida con humildad, se convierte en lugar de encuentro con la misericordia de Dios. Con esta convicción, los capitulares siguen caminando como comunidad misionera, confiadas en que, aun en sus grietas, la luz del Señor sigue abriéndose paso.

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