Sor Ena Bolaños vuelve a casa: una visita que recorrió tres países y estrechó los lazos de la Provincia

Introducción

Hay visitas que trascienden una agenda y se convierten en encuentros que tocan el corazón. Así fue la visita de Sor Ena, Ecónoma General del Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, a la Provincia Santísimo Salvador Norte. Durante su recorrido por Honduras, El Salvador y Guatemala, pudo encontrarse con las hermanas, acompañar diferentes realidades de la misión y compartir espacios de trabajo y reflexión. Pero, sobre todo, pudo volver a los lugares que forman parte de su historia vocacional y reencontrarse con una familia que sigue sintiéndola cercana: su Provincia de origen.

Honduras: "Esta es mi casa también"

El recorrido comenzó en Honduras, donde Sor Ena visitó algunas de las obras de la Provincia, entre ellas Nuestra Señora de las Gracias, y compartió con las hermanas de la Casa Provincial.

Cada encuentro estuvo marcado por el diálogo, la escucha y el acompañamiento. Desde su servicio como Ecónoma General, Sor Ena pudo acercarse a las diferentes realidades de la Provincia y compartir orientaciones relacionadas con la administración y el cuidado de los bienes al servicio de la misión.

Sin embargo, detrás de cada conversación había también una historia compartida. No era simplemente una visita administrativa: era el regreso de una hermana a los lugares donde dejó parte de su vida y donde muchas hermanas la siguen reconociendo como parte de su propia historia.

Al contemplar nuevamente la Casa Provincial, Sor Ena expresó con sencillez una frase que resumió mucho de lo vivido:

«Esta es mi casa también».

Y quizá eso fue precisamente lo que se experimentó durante aquellos días: que, aunque los caminos de la misión la hayan llevado lejos, la casa sigue siendo casa cuando en ella permanecen los vínculos, la fraternidad y el carisma que un día nos unieron.

 

 

El Salvador: una economía con rostro humano

El recorrido continuó en El Salvador, donde Sor Ena tuvo la oportunidad de regresar al Instituto María Auxiliadora de San Salvador, un lugar profundamente significativo para la presencia de las Hijas de María Auxiliadora en nuestra Provincia y para su propia historia.

Volver a este espacio significó reencontrarse con recuerdos, rostros y experiencias que forman parte de su camino como FMA. Fue también una oportunidad para mirar el presente y preguntarse cómo continuar poniendo los recursos al servicio de aquello que verdaderamente importa: la vida y la misión.

En este contexto, Sor Ena invitó a avivar una economía humana, una economía en la que la persona esté en el centro y en la que cada recurso sea administrado con responsabilidad, transparencia y sentido carismático.

Porque para las Hijas de María Auxiliadora, administrar también es una manera de servir. Cada bien, cada esfuerzo y cada decisión económica adquieren sentido cuando contribuyen a sostener la misión, acompañar a las comunidades y abrir caminos para que niñas, adolescentes y jóvenes puedan crecer con dignidad, esperanza y oportunidades.

 

Así, el lenguaje de la economía se encontró con el lenguaje del carisma: una economía al servicio de la vida, de la misión y de la casa común que compartimos como familia salesiana.

Guatemala: el carisma que llega hasta las periferias

La siguiente etapa llevó a Sor Ena hasta Guatemala, donde fue recibida con alegría y cercanía por las hermanas. Su llegada estuvo acompañada por la celebración de la Santa Eucaristía, poniendo en el centro de la visita a Jesús, fuente y sentido de toda misión.

 

Después de este encuentro fraterno y celebrativo, Sor Ena continuó su recorrido para encontrarse con las hermanas y conocer más de cerca las diferentes realidades de la presencia de las FMA en el país.

Uno de los momentos especiales fue su visita a San Luis Petén, donde se encuentra la obra Nuestra Señora de Guadalupe.

Allí pudo contemplar de cerca el esfuerzo cotidiano de las hermanas y la entrega con la que acompañan esta realidad. En medio de las distancias, los desafíos y las necesidades concretas de la comunidad, pudo descubrir nuevamente esa presencia sencilla y comprometida que caracteriza al carisma salesiano: estar donde están las niñas, los jóvenes y las personas que más necesitan sentirse acompañadas.

 

La visita permitió valorar el trabajo que se realiza cada día, muchas veces de manera silenciosa, pero siempre sostenido por la esperanza, la fe y el deseo de hacer presente el amor de Dios al estilo de Don Bosco y Madre Mazzarello.

De nuevo en El Salvador: un encuentro de familia

El recorrido concluyó nuevamente en El Salvador, donde Sor Ena participó en un encuentro con las Animadoras y Directoras de las comunidades de la Provincia.

 

Fue un momento cargado de significado. Después de recorrer los tres países, volver a encontrarse con quienes animan y acompañan las comunidades permitió hacer memoria del camino recorrido, compartir experiencias y renovar juntas el compromiso con la misión.

Hubo palabras, conversaciones, sonrisas y también mucha emoción. Porque para muchas hermanas no se trataba solamente de recibir a la Economa General del Instituto, sino de reencontrarse con una hermana de la propia casa, con alguien cuya historia vocacional está profundamente vinculada a esta Provincia.

En este encuentro, Sor Ena compartió unas palabras dirigidas especialmente a las niñas y jóvenes, pero que también resonaron en el corazón de todas las hermanas:

«Regreso a mi casa sintiéndome la misma hermana que cuando me fui. Para las niñas y jóvenes sólo quisiera que no perdamos la esperanza en María. Ustedes son el futuro y el presente de nuestras casas y de nuestro mundo».

Sus palabras recuerdan que el paso del tiempo y las responsabilidades que la misión trae consigo no deben hacernos perder aquello que está en el corazón de nuestra vocación: la cercanía, la alegría, la confianza en María y la esperanza puesta en las nuevas generaciones.

Una visita que se convierte en encuentro

La visita de Sor Ena a la Provincia Santísimo Salvador Norte fue, sin duda, una oportunidad para acompañar, orientar y fortalecer diferentes procesos de la misión. Pero fue también algo más profundo: un regreso a casa.

Honduras, El Salvador y Guatemala se convirtieron en escenarios de un mismo encuentro. Tres países, diferentes realidades y una misma familia que comparte un carisma, una misión y el deseo de seguir haciendo presente el amor de Dios entre las nuevas generaciones.

 

Sor Ena volvió a caminar por lugares que forman parte de su historia, volvió a encontrarse con hermanas con quienes comparte raíces y volvió a mirar las obras donde el carisma continúa creciendo y dando frutos.

Y en cada lugar quedó un mensaje: la misión se sostiene cuando ponemos a la persona en el centro, cuando administramos nuestros bienes con sentido evangélico, cuando caminamos juntas y, sobre todo, cuando no perdemos la esperanza en María Auxiliadora.

 

Porque algunas misiones nos llevan lejos, pero hay lugares que siempre permanecen en el corazón.

Y esta vez, Sor Ena no solamente visitó la Provincia que la vio nacer.

Sor Ena volvió a casa.

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