Quetzaltenango, Guatemala. Con el lema «Caminando juntos en Gratitud y Esperanza», la Familia Salesiana de Centroamérica se reunió en Quetzaltenango para celebrar la tradicional Fiesta de la Gratitud 2026, una jornada de fe, alegría y comunión que reunió a hermanas, estudiantes, docentes, colaboradores, exalumnas, padres de familia y delegaciones provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras.
La celebración inició con la Santa Eucaristía, momento central de acción de gracias, donde la comunidad renovó su compromiso de seguir anunciando el Evangelio y educando a las nuevas generaciones con el estilo de Don Bosco y Madre Mazzarello.
Posteriormente, el acto cultural dio vida al lema de este año a través de un recorrido por la riqueza humana y cultural de la Inspectoría. Las delegaciones de Carchá, Honduras, El Salvador y Petén compartieron mensajes de fraternidad y esperanza, mientras que las estudiantes del Colegio María Auxiliadora de Quetzaltenango presentaron una colorida danza inspirada en las tradiciones guatemaltecas. La música también ocupó un lugar especial con la interpretación de la marimba a cargo de estudiantes del Instituto María Auxiliadora de Guatemala, expresión artística que despertó el orgullo por la identidad y la cultura del país anfitrión. Asimismo, VIDES ofreció un saludo acompañado de una canción que recordó el valor del voluntariado como expresión concreta del servicio salesiano.
Durante la jornada también se hizo visible el compromiso de toda la Familia Salesiana con la participación de la Organización de Padres de Familia, las Exalumnas de Coatepeque y Quetzaltenango y una obra de teatro preparada por los jóvenes, quienes, mediante el arte, transmitieron un mensaje de esperanza, unidad y compromiso con la misión educativa.
El momento más significativo de la celebración llegó con el mensaje de la Animadora Provincial, Sor Aracely Rodas, quien invitó a contemplar la gratitud como una actitud profundamente cristiana. Inspirándose en la palabra gracia, recordó que agradecer significa reconocer que la vida está llena de dones recibidos gratuitamente y que «todo es gracia», porque todo nace del amor gratuito de Dios. Citando a san Pablo, animó a los presentes a preguntarse: «¿Qué tienes que no hayas recibido de Dios?», resaltando que un corazón agradecido descubre la presencia de Dios en cada acontecimiento de la vida.
Sor Aracely evocó el testimonio de San Juan Bosco, quien atribuía cada obra realizada a la intercesión de María Auxiliadora con la expresión: «La Virgen lo ha hecho todo», y recordó también a Santa María Mazzarello, cuya vida estuvo marcada por la sencillez de reconocer a Dios en el trabajo cotidiano, en las alegrías y también en las dificultades. Para la Animadora Provincial, ese es el verdadero espíritu salesiano: vivir con un corazón que sabe agradecer en toda circunstancia.
Visiblemente emocionada, expresó su gratitud por la Eucaristía compartida, por la creatividad y el esmero con que la comunidad educativa de Quetzaltenango preparó cada detalle de la celebración y por el esfuerzo realizado por las delegaciones que recorrieron largas distancias para hacerse presentes. Agradeció especialmente a las hermanas del Consejo Provincial, a los sacerdotes salesianos, a las comunidades educativas, a VIDES, a las exalumnas, a los padres de familia, a los estudiantes y a todas las personas que, con su servicio silencioso, mantienen vivo el carisma salesiano en Centroamérica.
Uno de los momentos más emotivos fue el reconocimiento a las directoras y hermanas responsables de las distintas comunidades de la Inspectoría, quienes fueron invitadas al escenario para recibir el agradecimiento de toda la asamblea por su entrega y servicio. Entre aplausos y muestras de cariño, se reconoció el trabajo de quienes acompañan diariamente las obras salesianas en Guatemala, Honduras y El Salvador, renovando el compromiso de seguir caminando juntas al servicio de la juventud.
Antes de concluir, Sor Aracely dejó una reflexión que resonó profundamente entre los asistentes: «Una persona agradecida nunca envejece espiritualmente; descubre siempre nuevos motivos para alabar a Dios». Encomendó a María Auxiliadora el deseo de conservar siempre un corazón humilde, capaz de reconocer que todo proviene de Dios y que toda la misión educativa encuentra su sentido en Él.
La jornada concluyó en un ambiente de profunda alegría con un mensaje que resumió el espíritu vivido durante el encuentro: cada saludo, cada baile, cada nota musical y cada gesto de fraternidad fueron un gran «gracias» elevado al cielo. Con entusiasmo, todas las delegaciones proclamaron: «¡Viva Don Bosco! ¡Viva María Auxiliadora! ¡Feliz Fiesta de la Gratitud para todos!», llevando consigo el compromiso de continuar siendo signos de esperanza y comunión en cada una de las obras salesianas de Centroamérica.

























